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MICRORELATO - OBSEQUIO DEL AUTOR

TITULO: Más allá del "ADIOS"

AUTOR: F. J. Beristain

Fecha: 21 de Octubre de 2021

Los destellos rojos y azules de las patrullas rompían la oscuridad del cementerio "POLLOE". Las radios policiales y sus perturbaciones eran sicofonías espeluznantes en el silencio del camposanto. Ángela, la madre de la pequeña Andrea, había desaparecido hacía dos días sin dejar rastro alguno.

Los interrogatorios entre los vecinos, de las últimas horas, no habían arrojado ninguna luz. "Estaba deshecha". "La pequeña Andrea era toda su vida". "Una madre nunca debe sobrevivir a sus hijos". "Esa niña era la luz de sus ojos. El aliento de su alma. Su vida misma".

—¿Pero no imaginan donde ha podido ir?

—Una mujer muerta puede vagar hacia cualquier lugar. No hay destino para casos así de tristes. Esa desdichada madre era un barco hundiéndose, agente.

Hacía menos de una hora la oncóloga Amelia Erlaiz, pediatra que había tratado el sarcoma de Ewing de la pequeña Andrea durante más de dos años, había recogido del buzón una carta. Enseguida distinguió la letra pequeña de la madre de aquella niña cuyo certificado de defunción había firmado el domingo pasado:

"No lo lograste, amor mío”—Fue cuanto pudo decir besando la frente de la niña por última vez.

Entró en casa apresurada, sabía que Ángela llevaba 48 horas desaparecida. Cerró la puerta tras de sí y apoyándose en la misma puerta leyó:

—Gracias Amelia. Gracias por haber cuidado de mi hija con todo tú corazón. No imaginas cuanto te quería. Lo último que me dijo antes de irse fue: "Dile a la doctora Amelia que no se enfade conmigo. No he podido lograr que me salve, mamá. Dile que es mi culpa. Que lo siento muchísimo".

"No, amor—rodó una lagrima por la mejilla de la doctora. —Lo hiciste muy bien. Lo hiciste increíblemente bien. Siempre estaré orgullosa de ti".

La doctora, tomando aire, retiró la nube de lágrimas de sus ojos antes de continuar.

—Como le decía, mi hija la quería con locura. Siempre la tendremos en nuestros corazones. Sólo quería despedirme. Andrea está sola. Y debo ir con ella. Se que lo entenderá.

Varios policías alumbraban con sus linternas el interior del hueco. Al abrir el pequeño ataúd, Ángela apareció abrazando el pequeño cuerpecito de su hija.

FIN